Cómo mejorar las relaciones familiares

A la familia no se la elige. Es la clase de gente con la que vas a pasar más tiempo, al menos durante los primeros dieciséis o veintiún años de tu existencia. Y, así y todo, puede que las relaciones humanas en la familia no sean las mejores. Si quisieras mejorar un poco las relaciones en tu familia, puedes probar con esto.

Puede que sea difícil, mucho

Cada familia es un mundo distinto, y tiene sus problemas particulares. Hay problemas más fáciles de resolver que otros, y depende de quiénes estén involucrados en dichos problemas. Puede que sea difícil, desgastante, o que no funcione (triste pero cierto): lo único seguro es que, si no lo intentas, fracasarás. El esperar que se solucione solo no es buena idea.

Escucha y observa la situación

Toda relación humana tiene conflictos, aunque sean pequeños. ¿Cuáles son los problemas que percibes? Hay algunos que no se pueden resolver, porque están más allá de la capacidad humana, pero otros pueden mejorarse. Además, fíjate cómo se tratan esos problemas: ¿se esconden, se habla de ellos, se dejan siempre de lado?

Conoce mejor a tus familiares

Sonará redundante, pero no lo es. Observa lo que hacen tus familiares, y luego pregúntales por qué hacen lo que hacen, y qué les gustaría hacer o lograr. Acércate en un momento de calma, o de alegría, y usa un tono de voz respetuoso y de curiosidad. Deja la altanería de lado.

Recuerda fechas importantes

Mi madre siempre se acordaba los cumpleaños de toda la familia, de ambas ramas. Lo hacía anotando todo en una agenda, y la revisaba para saber a quién llamar para celebrar que vivía un año más. Lo mismo vale para aniversarios o eventos muy importantes en la vida de la persona en particular.

No les tomes por garantizados

Las personas mueren. Tu familia está compuesta de personas (y otros seres, si cuentas a las mascotas), por lo tanto, su existencia en este mundo es limitada. Diles que les aprecias, y por qué. Ya habrá tiempo para que te dejen en paz cuando vivan en distintas casas o se mueran.

Mantente en contacto

Sea que estés viviendo en otra casa, o que tengas demasiadas ocupaciones, el enviar un mensaje de texto te tomará un minuto. También puedes llamar, o sentarte a hablar por cinco minutos durante el almuerzo o la cena, etc. Lo importante es que no te pierdas en la existencia, y les recuerdes que sigues pensando en ellos.

Deja de lado la conexión aparatosa

Cuando se reúnan para algo (por ejemplo, a comer), deja de lado tu computadora, apaga tu celular, y concéntrate en tu familia. No pasará nada si demoras quince minutos en responder algún mensaje, en devolver una llamada o correo electrónico. De última, puedes apagarlo por un rato, luego ir a revisar tu celular, y volver a la mesa (dejando atrás el celular apagado).

Elige tus batallas

En la vida te encontrarás con muchos problemas, y muchas oportunidades para discutir. Analiza si vale la pena el invertir energía y paciencia en reclamar algo y, si es así, prepárate para dar batalla. Debes conocer a esa persona a esta altura, y saber más o menos cuáles son sus tácticas.

Dales alguna sorpresa agradable

El estar en casamientos y cumpleaños no es tan especial, pero sí, quizás, asomarse en la maratón de cinco kilómetros de tu hermana, o en la obra de teatro de tu primo. Aunque no sea exactamente de tu agrado, lo peor que puede pasar es que obtengas una nueva experiencia (y tu pariente vea que, al menos, lo has intentado).

Puede que no funcione a la primera

El mejorar las relaciones familiares requiere que ambas partes estén de acuerdo. Quizás esa persona te deteste por un horrible secreto de su pasado (al más puro estilo de las telenovelas), o que piense que te estás burlando porque recuerda las que le jugaste antes. Si te has burlado de ellos, o les has humillado, o les has causado algún prejuicio, puede que no crean en tus buenas intenciones a la primera. O la segunda. O la tercera. Persevera.

A veces, puede que lo mejor sea alejarse

En situaciones límite, el intentar mejorar las relaciones familiares hace más daño que otra cosa. Es el caso de parientes abusadores, tóxicos, criminales o que sólo te ven como un recurso que explotar. La familia es uno de los grupos de pertenencia más sólidos de la sociedad, pero no el único, y si las cosas terminan siendo peligrosas, lo mejor es alejarse, por triste que suene.

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