Rasgos característicos de un megalómano/a

Quizás te sea familiar el término por una canción del grupo Incubus, o se te venga a la cabeza al ver a un supervillano, el último presidente electo de Estados Unidos, o un dictador. Sin embargo, no todos los signos de megalomanía son tan obvios como lo que se ve en las hojas de un cómic. Si te preguntas si hay alguien así a tu alrededor, presta atención a esto:

La megalomanía es una forma de psicopatía

También se la denomina como desorden narcisista de la personalidad. Puede manifestarse con ilusiones de grandeza, poder, riqueza u omnipotencia (“yo puedo todo”). Sea que se tenga algunos rasgos, o se viva de lleno en un “mundo distinto”, una persona megalómana no aceptará otra realidad que no sea la que se ha creado en su propia cabeza.

Carece de empatía

Es algo siempre presente en la psicopatía, que no es de un solo tipo sino que posee varias clases, como la que nos compete. No conecta emocionalmente con otras personas, y puede que no comprenda por qué hay tanto alboroto ante hechos frente a los cuales la mayoría de la gente siente algo, como una catástrofe, un casamiento, etc.

Tiene complejo de superioridad o inferioridad

Se cree muy por encima de las personas que le rodean, o considera que es inferior. Puede que vea sus virtudes como enormes logros y le reste importancia a sus defectos (si es que alguien se los señala), en el caso de sentirse superior, y a la inversa cuando se siente inferior.

Piensa que debes ayudarle, pero no a la inversa

Debes ir a ayudarle con su proyecto, y quedarte allí sentada sin hacer nada más de lo que él te diga. Que no, que dejes tus apuntes de la facultad, él te necesita ahora, aunque sea para ser su apoyo emocional, puedes estudiar después. ¿Por qué eres tan egoísta? Ey, que no se te suba a la cabeza. ¿Por qué debería ayudarte a ti? Su tiempo es valioso y puede que no tenga para regalarte, qué cara dura eres.

Le encanta tener control sobre otras personas

Oh, cómo disfruta el ver que la gente sabe que él, o ella, es quien puede hacerles más fácil o complicado el trámite. Es uno de los placeres más grandes que siente, e intentará hacer todo lo posible para tener ese poder, y usarlo.

Se cree invencible

Puede consumir drogas, legales o ilegales, o comenzar algunos hábitos destructivos sin creer que eso tendrá consecuencias negativas sobre su salud o su vida, por ejemplo. La omnipotencia (“yo puedo hacer todo lo que quiero”) no es nada extraña en esta clase de personas. Seguirá creyéndose invencible con una fe similar a la del fanático religioso.

Posee tendencia a la violencia

No tiene por qué ser violencia física, sino de cualquier tipo (psicológica, social, económica, etc.). En especial cuando se encuentra con un obstáculo que le impide llegar a donde desea, en cuyo caso puede utilizar violencia física, manipulación, difamación, etc., con tal de aplastarlo y llegar a su meta.

Tiene cambios bruscos de humor

En un momento les llena la felicidad, y al siguiente están humeando por la furia. Si has conocido a personas adictas, el patrón te será familiar. Y siempre es por culpa de factores externos, nunca por algo que hizo o dijo.

Posee grandes dosis de carisma

No es nada raro que una persona megalómana tenga un grupo de seguidores, secuaces o empleados, para que hagan lo que se les manda. Puede convencer a otras para que le sigan, o no le pongan trabas en su camino, y hasta puede que les agrade hacerlo, porque es carismático como pocos. Hitler llegó por otro democrático a la presidencia, al igual que Trump, y ambos lo hicieron convenciendo a sus votantes que él era lo que necesitaban.

Busca el poder

No es raro que muchos de estos signos aparezcan en dictadores, presidentes, ese jefe odioso que hace que detestes ir a trabajar, o esa profesora que te hizo repetir cinco veces su curso universitario. Sabe que una de las únicas formas de lograr que el mundo, su mundo, gire alrededor de su persona es con poder. Poder de hacer que otros hagan lo que él o ella quiere que hagan, y sin cuestionar sus órdenes.

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