El top de las locuras hechas por amor

El amor es un sentimiento presente en todas las culturas, en todas las épocas, y es un tema preferido del arte y la cultura. Si bien hay muchas clases de amor (no es el mismo el de un padre por sus hijos que el que tiene por su pareja, por ejemplo) en este artículo podrás leer hasta dónde puede llegar la “locura” que trae el amor.

Y sí, todos estos casos son reales.

Comprar una cartelera

Las carteleras son esos enormes espacios en edificios y rutas donde, por lo general, se coloca publicidad. No es nada barato el comprarlos para colocar anuncios, aunque se ha usado para pedir matrimonio y declarar amor. Algunas personas optan por los más económicos pasacalles, esos carteles colgantes que se cuelgan de lado a lado en la calle.

Tirarse de un edificio

Hace unos años, se hizo viral una propuesta de matrimonio que casi le dio un infarto a la novia. Josh, el muchacho en cuestión, fingió caerse de un edificio de cuatro pisos. Cuando su novia Brooke corrió al borde del techo, pensando que su novio había muerto, se lo encontró en colchón inflable, sosteniendo uno de los carteles donde le preguntaba, en inglés, si quería casarse con él.

Tallar una escalera en una montaña con las manos

A mediados del siglo pasado, Liu Guojiang tenía diecinueve años, y se enamoró de Xu Chaoqing, quien tenía veintinueve y era madre viuda. Escapando de los prejuicios de la sociedad, la pareja se fue a vivir a la montaña, donde el terreno era tan complicado que sólo el joven podía descender a un poblado cercano. Por eso, Liu decidió tallar una escalera para que su esposa pudiese bajar los más de 1.500 metros de desnivel. Hoy en día, ambos han muerto, pero la escalera y la casa se conservan, por ser el escenario de la historia de amor más bonita de China.

Declarar la guerra a tu propio padre

Corría el año 1.355, y quien luego sería el rey Pedro I de Portugal se enamoró de Inés, una de las damas de compañía de su esposa Constanza. Se casaron en secreto, pero Alfonso IV, el padre del futuro monarca no quería que ella fuese coronada, por lo que mandó asesinarla. El hijo, al enterarse de cómo había muerto su amada, le declaró la guerra y coronó a su esposa, ya muerta, cuando se convirtió en rey. Vestida como reina, el cadáver de Inés fue sentado en el trono, y todos los nobles fueron forzados a jurarle fidelidad como si aún estuviese viva.

Escribir cartas a diario

A veces, para hacer una locura de amor no es necesario ser más rico que un rey. Tómese el ejemplo del escritor Mark Twain, quien se enamoró de Olivia (Livy) Langdon Clemens. Ella lo rechazó, y el escritor le dijo que le escribiría cartas a diario hasta que le diese el sí. Le llevó dos años de misivas diarias el lograrlo.

Abdicar de la corona de Inglaterra

Al revés de lo que sucedió con Máxima de los Países Bajos (nacida Máxima Zorreguieta) y Guillermo Alejandro de los Países Bajos (Guillermo Alejandro Nicolás Jorge Fernando), Eduardo VIII de Inglaterra renunció a su corona. Lo hizo para poder casarse con Wallis Simpson, una mujer estadounidense divorciada. Es el único monarca en la historia de su país que renunció a la corona por voluntad propia.

Convertirse en los criminales más conocidos de estados Unidos

Bonnie Parker era una mesera cuando conoció a Clyde Barrow, recién salido de prisión. Pese a la oposición de la familia de ella, huyeron y se convirtieron en los ladrones fugitivos más conocidos de toda la historia de los Estados Unidos, al punto de ser declarados enemigos públicos entre 1.931 y 1.934. El trágico desenlace de su historia es bien conocida, ¿pero quién les quita lo bailado? Estuvieron juntos hasta el final.

Construir una de las siete maravillas del mundo moderno

La Tierra, con todo lo que tiene, es un planeta maravilloso. La UNESCO ha declarado algunas como tales, como por ejemplo el Taj Mahal, en India. Tres siglos atrás, el emperador Shah Jahan construyó este enorme mausoleo (que no es un solo edificio, son un complejo) en honor a su tercera esposa, Mumtaz Mahal, muerta al dar a luz a uno de los hijos del monarca.
 

Imagen de Laura Lauman
Autora del artículo